María, la de Magdala
La mujer de la que habla la historia que todos conocemos no tiene nada que ver con la mujer que se describe a sí misma en este libro.
María, la de Magdala, narra su propio proceso interior como mujer, un proceso que coincide en el tiempo con los hechos de Yo, Jesús de Nazaret y con los secretos que desvela la vida oculta de Jesús, contados aquí desde su propia mirada. Es el libro compañero de la saga La Vida de Jesús: transcurre en paralelo a los libros 1, 2 y 3 (Cuando Jesús era un niño, Yo, Jesús de Nazaret y La vida oculta de Jesús).
Una soleada mañana de verano, en Glastonbury, Inglaterra, mientras visitaba la casa de María Magdalena, sentí el impulso de sentarme a escribir en la pequeña capilla que guarda su imagen. Las palabras comenzaron a brotar de mí, como agua que fluye con suavidad incesante. Ya había canalizado parte de la vida de Jesús y pude reconocer la sensación desde el primer instante. La voz que me dictaba aquello no era la misma, pero sabía que se trataba del principio de otra canalización, que tomaría la forma de libro. El encargo resonó en mi corazón, a pesar de que yo nunca sentí demasiada inclinación hacia la protagonista. Su voz me envolvía de manera tan cálida que no pude negarme.
La información que contienen estas páginas es absolutamente canalizada. No ha existido un guión previo, ni una escaleta, ni un estudio que documente los hechos. En muchas ocasiones, yo misma me he sorprendido al ver el desenlace de algunas escenas. Puedes creer en ella o descartarla. Solo te pido que escuches a tu corazón mientras lees sus palabras.
PUEDES ADQUIRIRLO CON LA DEDICATORIA CANALIZADA
Alicia pedirá un mensaje para ti y lo escribirá en la primera página en blanco del libro
Ese mensaje te lo ofrecerá el ser de luz que ha dictado el libro
Reseñas en Amazon
Nuria
Un relato que revela mucho más de la verdad de Jesús y de las personas que compartieron el paso por la Tierra en esa época. Además de servir como ejemplo María Magdalena para quienes puedan identificarse con ella. Un ejemplo de la gran liberación que supone permitir que nuestra voz interior nos hable y que le hagamos caso.
Montserrat
Amo todos los libros canalizados de Alicia pero este contiene magia en el corazón, sobre todo como mujer resuenas con los paisajes de María de Magdala. Este lo recomiendo como herramienta de amor propio y empoderamiento.
Alba
Un libro maravilloso. Hay que sentirlo con el corazón y abrirse a sentir. Cada vez que lo vuelvo a leer me ayuda en diferentes aspectos de mi relación con los hombres y con mi feminidad. Recomiendo leer primero "Cuando Jesús era un niño" y "Yo Jesús de Nazaret".
Aquí tienes el primer capítulo
Esta historia comienza en mi niñez, porque es el momento en el que se produjo la magia. La vida está llena de ella. Hay magia por todas partes. Solo tenemos que abrir el corazón para encontrarla.
Me llamaron María, la de Magdala, porque con ocho años llegué a una tierra que no era la mía. Siempre fui una extranjera en todas partes, aunque yo sentía que pertenecía al mundo. Tal vez, por eso, me llamaban rebelde y me miraban como a una extraña. Supe desde el principio que yo no era como las demás, aunque tardé bastante en comprenderlo. Hasta que le conocí a él.
También era diferente. También pertenecía al mundo. Lo leí en sus ojos cuando le vi: él era como yo, o yo era como él. Una misma esencia encarnada en dos cuerpos. ¡Qué difícil explicar eso a los demás, en un mundo en el que la mujer era considerada inferior al hombre!
¿Almas gemelas? Tal vez. Yo siempre pensé y sentí que éramos parte de lo mismo. Una sola mirada bastaba para comunicarnos; una sola palabra, para reconciliarnos, en las contadas ocasiones en las que nos enfadábamos por algo.
Jesús no era un hombre como los demás. Yo, tampoco una mujer como la que esperaban de mí. Me gustaba correr por el campo, danzar entre las flores, bañarme en el río, tumbarme sobre la hierba húmeda y observar cómo las nubes pasaban delicadamente ante mis ojos. Me atraía tanto su baile sereno… Mecidas por el viento, las esponjosas nubes se dejaban llevar; mientras, aquí abajo, nadie parecía darse cuenta de la magia que les sobrevolaba.
Mi madre se quejaba siempre de mí:
—¡María! ¿Ya estás otra vez? Ven adentro ahora mismo y cúbrete. No vayas tan destapada por ahí. Van a empezar a murmurar. ¡María!
Gritaba a menudo, para que yo entrara en razón, pero yo no entraba. No me importaba que la gente murmurase. Me daba igual que hablaran de mí y de mis brazos desnudos. Me gustaba tanto sentir el calor del sol sobre la piel, que no quería renunciar a él por nada del mundo.
—¡María! —gritaba mi madre, y yo me escapaba para correr tras las mariposas y sentir que la vida era mucho más grande que aquellas cuatro paredes, entre las que ella pretendía encerrarme.
—Una joven debe respetar la ley de Dios. Eres demasiado loca, María. Ningún hombre va a aceptarte.
—No creo que a Dios le importe que yo no me cubra los brazos, madre —protestaba yo, mientras ella se enfadaba—. Dios tiene cosas más importantes en las que fijarse. Mis brazos desnudos no son motivo de su atención, te lo aseguro.
—¡No digas esas cosas! Tal vez, Dios no te mire, pero los hombres sí lo hacen. Vas a perder la honra, hija.
Y yo resoplaba, porque ni siquiera sabía qué era la honra ni me importaba. Yo solo quería salir al mundo y disfrutar, a pesar de que, en el mundo, nadie me entendía. Excepto él, que lo hizo desde el primer instante. Creo que lo que más me emocionó fue su mirada de reconocimiento. Sé que le deslumbré.
Estaba allí tumbado, en mi lugar preferido. Hacía poco que habíamos llegado a Nazaret, pero yo ya me había apropiado de aquel paraje mágico, donde el sonido del agua y el olor del río me ayudaban a abstraerme por completo. Tenía los ojos cerrados y sonreía. Tímidamente sonreía, aunque le envolvía una sutil nube de tristeza. ¡Qué extraña combinación! Tristeza y sonrisa. Su cara bañada de sol me pareció la más hermosa del mundo. Me acerqué a él, dispuesta a conocerle.
—Hola.
Se sobresaltó, pero, al mirarme, los ojos se le llenaron de estrellas. Supe que la había encontrado: la única persona en el mundo que podía comprenderme.
FRAGMENTO DEL LIBRO MARÍA, LA DE MAGDALA
Canalizado por Alicia Sánchez Montalbán
PUEDES ADQUIRIRLO CON LA DEDICATORIA CANALIZADA
Alicia pedirá un mensaje para ti y lo escribirá en la primera página en blanco del libro
Ese mensaje te lo ofrecerá el ser de luz que ha dictado el libro