INSOMNIO

Aug 12, 2021

Noche de insomnio. Acuden pensamientos negativos a mi mente. Cosas que he escuchado durante el día, acontecimientos que se magnifican al amparo de la noche y el recuerdo lejano de una sugerencia que me hizo Jesús hace unos días: Cuando no puedas dormir, llámame…

 

La dejo pasar mientras me enredo, una y otra vez, en lo mismo: lo que dijo aquél, lo que insinuó aquella, lo que ha vuelto a hacer la niña, ¿y si me equivoco?, el asunto de las mascarillas, yo no quiero que esto pase, qué difícil es vivir en la Tierra…

 

La mente va saltando de un asunto a otro con la rapidez del rayo. Apenas he descartado uno, ya está en el otro.

 

Una vuelta más en la cama y me doy cuenta de que ya no voy a dormir. Eso me enfada, porque esta vez quería levantarme de verdad más temprano, para aprovechar el tiempo, y sin embargo, lo estoy perdiendo inútilmente. Las horas corren. Ya son las tres de la mañana. ¡A las cinco se levantará tu prima!

 

Jesús, Jesús, Jesús, ayúdame, si es que puedes…

 

Lo llamo, pero como desconfío, él espera. Lo percibo mirándome con amor, pacientemente.

 

¡Haz algo, por favor!

 

Él se acerca, me susurra que respire, que me concentre solo en respirar, que no intente dormir, que no me empeñe.

 

–Respira, solo respira.

 

Y yo le hago caso, pero el sueño no llega. Refunfuño y despierto sin querer a Víctor.

 

–¿Qué pasa? –me pregunta medio dormido.

–No puedo dormir. Me he desvelado.

–Llama a Jesús.

 

Qué rabia.

 

Jesús, Jesús, Jesús. Dime algo más efectivo, anda.

 

Lo percibo otra vez, sonriéndome con amor. Me dice sin palabras que depende de mí, que yo decido qué coloco en mi mente. Y entonces recuerdo que hace unos años, cuando otros acontecimientos distintos me abrumaban por las noches, solía levantarme de la cama para escribir su historia, la que él me dictaba. Era tan preciosa la energía que me transmitían sus palabras, tan elevada la vibración que pasaba a través de mí con cada frase, que no solo me olvidaba por completo de lo que me preocupaba, sino que terminaba sonriendo y agradeciendo la experiencia.

 

–Puedes transformar lo que te pasa en este instante –me recuerda–, eligiendo hacer lo que sabes que te eleva.

 

Claro. ¿Qué más da levantarse a las cinco para escribir que escribir ahora? ¿Por qué no aprovecho el tiempo y dejo de luchar contra lo que sucede?

 

Y lo hago. Me levanto, enciendo mi ordenador y comienzo:

 

Noche de insomnio. Acuden pensamientos negativos a mi mente…

 

He acabado. Estoy sonriendo. Sigo sin tener sueño, pero ahora mi vibración ha cambiado. Son las 4.14 de la madrugada, o podría decir de la mañana.

 

Quizás sea el momento de retomar la continuación de su historia. Tal vez, el insomnio me ha ayudado a levantarme de verdad, esta vez sí, más temprano.

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