Los siete pasos de la liberación emocional

Los siete pasos de la liberación emocional
Por Alicia Sánchez Montalbán

Cuando una emoción de baja vibración te atrapa, lo mejor es reconocer que se encuentra en ti, no negarla, porque entonces cobra fuerza silenciosamente y va creciendo en tu interior. Un día, probablemente, estallará o se convertirá en dolencia física y, entonces, tendrás que ocuparte de ella con urgencia y paliar los efectos que causó. Es mejor liberarla con tranquilidad y consciencia, cuando uno se da cuenta de su aparición. Por eso, el primer paso sería ACEPTARLA. Reconocer que, por ejemplo, tengo miedo o rabia o dolor. Dejar de negar que eso existe en mí.

El segundo paso sería RESTARLE IMPORTANCIA SIN NEGARLA, es decir, comprender que tener rabia o miedo o culpa, o cualquier otra emoción de baja vibración, no es malo. Es simplemente humano. Vivimos en un mundo dual, en el que fluctuamos constantemente entre opuestos que, en realidad, son complementarios. Nuestra humanidad nos lleva a sentir. La vida en la Tierra nos ofrece un abanico de posibilidades a la hora de sentir. La verdadera vida humana pasa por experimentarlas todas, para volverse más sabio en el proceso.

Las emociones nos enseñan muchas cosas, entre ellas, a conocernos a nosotros mismos y a descubrir las pruebas que el camino nos presenta. Esas pruebas mueven el mecanismo de nuestra evolución. Cuantas más superamos, más sabios, fuertes y capaces nos volvemos.  

Así, el tercer paso sería OBSERVARLA. Observar la emoción, con la intención de descubrir cómo y cuándo surge en mí. Es así como me acercaré a su origen, a los hechos que la provocan y, por lo tanto, a su comprensión.

El cuarto paso es COMPRENDERLA. Al descubrir cómo y cuándo surge podré comprenderme a mí mismo mucho mejor. Sin críticas ni juicios me acercaré a mi interior, con una mirada compasiva, con amor a mí mismo, para entender por qué me siento así. Es probable que esa mirada me conduzca hacia algunas heridas antiguas, de ésta o de otras vidas, y entonces tendré que enfrentarme de nuevo al dolor, para poder sanarlo y trascenderlo.  

El quinto paso, así, es EXPERIMENTARLA, sumergirme en la emoción, para vaciarme del dolor que acumulé y soltar la carga energética que conlleva ese dolor. Al hacerlo me liberaré, porque mi mente se desahogará y me resultará más fácil escuchar al corazón.

El sexto paso será, de ese modo, REALIZAR UN EJERCICIO DE VACIADO, ya sea escrito o hablado. Expresaré lo que siento por medio de la palabra, a solas, para no herir a nadie, sin juzgar lo que surge de mí, sin limitarlo. Es posible que surjan palabras o frases que de muy baja vibración. No importa. El ego necesita expresarse para poder relajarse y soltar la emoción.   

No es necesario que eso lo vea o lo escuche nadie. Puedo incluso quemar lo que escribí o solicitar que la luz violeta envuelva todo lo que emití, para transformarlo en luz y evitar que su energía llegue hasta los demás.

Una vez realizado el ejercicio de vaciado sentiré cierta serenidad, porque mi mente se habrá relajado. Llega entonces el momento de dar el último paso, que será ESCUCHAR AL CORAZÓN.  

Llegados a este punto, el alma podrá expresarse con mayor libertad. Cerraré los ojos. Llevaré la atención al centro de mi pecho. Imaginaré que allí se enciende una luz y que esa luz se expande hasta abarcarme por completo, y entonces le preguntaré: ¿para qué? ¿Para qué estaba esta emoción en mí? ¿Para que surgió?

Puedo abrir los ojos y anotar todo lo que siento a partir de ese instante o puedo quedarme así, en actitud meditativa, para percibir lo que mi alma me muestra. Es probable que sienta amor, paz, tranquilidad, consuelo, antes de comprender la prueba que aquella emoción me mostró.  

El alma encarna para evolucionar superando pruebas de amor, pruebas en las que el reto consiste en recordar que el amor es la energía que de verdad sana y libera. Amor hacia uno mismo en primer lugar y amor hacia los demás. Cuando nos apartamos de él, todo se confunde a nuestro alrededor. Eso no es malo ni bueno. Simplemente es. Son las reglas del juego en esta dimensión.

Iluminamos nuestro propio mundo y el de los demás aplicando amor antes que miedo, rabia o rencor. Vinimos a esta tierra para recordar cómo ser amor en contacto con la oscuridad y para ayudar así al cambio de conciencia en la humanidad. Un cambio que nos elevará, poco a poco, hacia dimensiones más cercanas a Dios, a la luz original de la que un día nuestra alma partió. Por eso, las emociones densas son nuestras aliadas. Su presencia posibilita esa evolución.  

El alma vino a experimentar, a crecer mientras experimentaba y a aportar conocimiento y luz al entorno en el que habita. Cerrarse al extremo oscuro de la dualidad es bloquear la propia evolución. Negarlo es negarse a uno mismo, porque todos los seres humanos son duales y el entorno en el que viven, también.

Lo mejor es aceptar lo que verdaderamente somos, aceptarnos como somos, si luchar en nuestro interior contra nosotros mismos, y adoptar una perspectiva de evolución. Usar la mirada interna para autodescubrirnos y conocernos mejor. Descubrir el origen de lo que nos limita, trascenderlo para sanarlo al fin, y disponernos a ser amor para superar el gran reto que representa eso en esta dimensión. Al lograrlo descubriremos que resulta mucho más fácil de lo que imaginábamos y que, cuanto más lo aplicamos, más serena y grata se vuelve nuestra existencia.  

El amor a los demás comienza en uno mismo. El amor a uno mismo comienza en la aceptación de todo lo que sucede en nuestro interior.

Si quieres que te ayudemos amarte a ti mismo, aceptando tus emociones y encontrando el origen que las generó ven al próximo curso COMO AMARSE A UNO MISMO.  

Si prefieres que tu guía te ayude a hacerlo y también a recordar quién eres en verdad, porque no encuentras el camino o te hallas muy perdido en tu realidad, tienes la oportunidad de conocerlo y comenzar a comunicarte con él de manera consciente, con el curso APRENDER A CANALIZAR.  
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