Escúchame, mamá

Escúchame, mamá
Por Alicia Sánchez Montalbán

Estoy aquí. No me ves, pero existo. No te detienes a sentirme, pero yo lato dentro de ti. Percibo todo lo que sientes, todo lo que piensas, oigo todo lo que dices. Llegan voces desde el exterior que a veces me estremecen y otras, me confunden.
Grito tu nombre, para que te des cuenta de que estoy aquí, para pedirte ayuda. ¿Por qué me siento así? Yo creía que no iba a ser tan difícil venir aquí…

Quiero consolarte cuando lloras, abrazarte cuando te sientes sola, llegar a ti de una forma diferente. Pero este cuerpo me limita, me impide volar como antes, expandirme, sentir la plenitud. A veces la rozo levemente, cuando tú te emocionas y conectas con el amor. Todo lo que tú sientes está en mí.

Tengo miedo, mamá. ¿Cómo será el mundo cuando yo salga de ti? ¿Sabré vivir sin perderme? Desde el cielo pude ver que muchos se perdieron, que no pudieron soportar la dualidad. La vida en la Tierra puede ser muy bella, cuando la miras con los ojos del amor, pero es tan fácil confundirse… Ahora lo comprendo en mí. No entendía por qué los demás se olvidaban tan pronto de la verdad, de la Luz, del propósito. Ahora sé que lo hicieran por dolor. Sí, mamá, duele. Antes, todo era luz, conexión, amor, compañía… Ahora, todo es soledad, separación, vacío…

Menos cuando tú me hablas, mamá. Menos cuando tú me prestas atención. En esas ocasiones yo me siento vivo y me dan ganas de que acabe ya el proceso para salir y abrazarte, sentir tu calor en mí, rodeando mi pequeño cuerpo con tus brazos, la caricia de tus labios, el susurro de tu voz junto a mi cara. Lo he visto muchas veces en los demás. Quiero sentirlo en mí. Desde afuera parecía tan hermoso.

Cuando tú me hablas y me consuelas, mi corazón se expande, y noto que me aparto de la densidad. Vuelvo a conectar con la vida desde la alegría, desde el amor, mamá. No te olvides, por favor: tú ahora, para mí, eres la fuente del amor. Necesito que me hables para serenarme. Necesito que me escuches para poder pedirte ayuda cuando me siento triste o solo o perdido.

Date cuenta de que estoy aquí, mamá. Estoy cerca de ti, muy cerca de ti, incluso desde antes de que me gestaras y mi alma se integrará en mí. En mi… Fíjate, ya empiezo a identificarme con este cuerpo que ahora soy.

¿Cómo será el mundo cuando salgas? ¿Sabré vivir?
Háblame, mamá. Cuéntamelo todo, por favor. 
Tu voz y tu cariño me alimenta. Escúchame, mamá. Estoy aquí.

Puedes comunicarte con tu hijo cuando está dentro de ti, para facilitarle el camino y ayudarle a gestionar las emociones que le genera el contacto con la dualidad.

La comunicación prenatal fortalece la autoestima y el vínculo entre el futuro ser humano y sus padres. Él o ella te acompaña desde muchos meses antes de ser gestado. Comunicarte con su alma antes de que llegue a ti puede ayudarte a disolver los bloqueos que te apartan de su llegada y también a comprenderle mejor. Tu futuro hijo puede mostrarte quién es y para que viene, que labor desempeña junto a ti y como tú puedes recuperar el equilibrio y la alegría en tu vida, para que a él le resulte más fácil la encarnación.

Puedes seguir comunicándote con él una vez que haya nacido, para saber qué necesita, por qué llora, qué siente. Los bebés no vienen con un manual de instrucciones y, a veces, los padres lo necesitamos para no perdernos en la intensidad de la experiencia.

Ese manual de instrucciones se halla en el propio bebé. Su alma puede hablarte para guiarte y sugerirte lo que de verdad le ayudará a crecer como un ser humano fuerte y seguro de sí mismo. Si desde pequeño te escuchan y valoran lo que tienes que decir, tu autoestima crece y no se quiebra la confianza en ti.

Podemos ayudarte a escuchar a tu futuro hijo, al que aún está por llegar o al que ya ha nacido. Hemos preparado para ti esta iniciativa con el propósito de ayudar a las nuevas almas a nacer en un entorno respetuoso y consciente, donde la comunicación amorosa sea la base de la familia.

Si quieres experimentarlo y comunicarte con él, podrás hacerlo en el curso CONECTA CON EL ALMA DE TU HIJO.  
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