Estoy harto de las almas en tránsito

Estoy harto de las almas en tránsito
Por Víctor Polo

Estoy harto de las almas en tránsito. No me dejan vibrar alto. No me dejan ser yo. No me dejan conectar y tampoco estar contento. Todo el día me lo paso con esa sensación: la de que algo no va bien. Y mira que lo tengo todo para estar bien…

Trabajo en lo que me gusta; comparto mi vida con una mujer maravillosa, que me ayuda a crecer cada día y a ser yo mismo, con mucho amor y paciencia; también la comparto con dos niñas y un niño, que son tres amores, aunque unos días son más fáciles que otros, pero en general todo está bien. Me levanto temprano para conectar con el sol y hacer lo que más me gusta: cantar, escribir, canalizar… Pero, cuando menos me lo espero, ahí está esa molestia, en la parte superior de la espalda, cerca del omoplato izquierdo, y me doy cuenta de que estoy cargado de pensamientos negativos. ¡Arrgh! ¿Cómo es posible! ¡Si me he pasado parte del día haciendo cosas de conexión para estar equilibrado! Y, ahora, en un segundo, todo el equilibrio obtenido se esfuma y da paso a una sensación de desasosiego y frustración, que me lleva a pensar que estoy perdiendo el tiempo…

Una voz se abre camino dentro de mi mente y me susurra dulcemente:

–Es parte de tu propósito.

–¿El qué? ¿Sufrir?

–No. Evolucionar y ayudar al que necesita ayuda.

–¡Pero es que a mí no me han pedido ayuda! Simplemente me invaden. Y sin avisar ni nada.

–Date cuenta de que eres un ser de luz inmensa, como todos lo son. ¿Qué pasaría si, en el momento de tu muerte, te atrapara la rabia, la incomprensión, el miedo, la frustración, o cualquier otra emoción densa?

–No sé. Dímelo tú, que tanto sabes.

–Pues que no serías capaz de ver la luz que te estaría esperando, ni a tu guía espiritual, que te ofrecería su mano, ni a tus familiares que ya murieron y que se fueron a la luz, para continuar con su camino de evolución. Es probable, en el momento de tu muerte, alguno de ellos vuelva para acompañarte con infinito amor.

– ¿Y entonces qué pasaría?

–Pues que verías todo lo que vibrase como tú en ese momento. Cuando abandonas el cuerpo físico, en el momento de la muerte, tu poder creador funciona a la velocidad de la luz; la ley de la atracción, también. Si recuerdas cosas bellas estarás rodeado de ellas; si piensas en cosas que te den miedo atraerás a seres y experiencias que fomentarán tu miedo.

–¡Uau! Y, entonces, ¿qué me quieres decir?
–¿Cómo te sentirías si, al morir, te dieras cuenta de que no se desconecta tu mente, de que todo sigue? Y nadie puede verte ni oírte…

–¡Buf! ¡Qué agobiante! Me desesperaría. Entraría en catarsis. El pánico me invadiría, seguro.

–Ten en cuenta que ese pánico atraería a más seres, más experiencias de ese tipo, en tu realidad sin cuerpo.

–No me lo quiero ni imaginar.

–Ahora puedes hacerte una pequeña idea de lo que sienten las almas que llegan a tu realidad. Están presas del miedo, del rencor, de la sed de venganza, todas ellas emociones muy alejadas del amor, precisamente generadas por una falta de amor propio. Si esas personas, en el momento de su muerte, fuesen capaces de mantener la templanza, podrían serenarse y vibrar en el equilibrio, para poder ver a su alma. En contacto con ella lo comprenderían todo, verían la luz hacia la que dirigirse, porque ella conoce el camino de regreso al origen de la vida: la luz, el amor del que forma parte y del que se alejó un día, cuando decidió venir a la Tierra. ¿Qué pasaría si, en lugar de rechazar al alma en tránsito que se acerca a ti, la mirases con amor y compasión? ¿Qué sucedería si te abrieses a la posibilidad de ayudarla a regresar a su verdadero hogar, comprendiendo que ella no encuentra el camino?

–Hombre, siendo así, no me provoca tanto rechazo, pero como he visto tantas películas de miedo…

–La realidad supera a la ficción. Si eres capaz de emitir comprensión, respeto y amor hacia las almas que sufren, ellas se serenan porque sienten alivio. En ese momento podrías ayudarlas. ¿No dices que viniste para ayudar a las personas? Esas almas son personas que han muerto y se encuentran atrapadas. No saben salir de su agujero negro. Necesitan la ayuda de un ser humano encarnado. Muchos las ignoran y eso acrecienta su desolación. Tu rechazo empeora su situación. Solo tú decides pero recuerda que, cuando las ayudas, te ayudas a ti también. Si lo pruebas lo compruebas.

–Ya, pero es que, a veces…

–Sí, te entiendo. Lo primero es tu equilibrio para poder ayudarlas. Aprende a poner límites con amor y a ver a tus hermanos perdidos o en tránsito, como lo que son: hermanos de alma. Dios os ama por igual y quiere que juntos os ayudéis a evolucionar. Ellos te ayudan a ti a ser amor en vez de lucha y a abrir tu corazón ante los conflictos y tú les ayudas a recordar la luz inmensa que hay en su interior, una luz tan brillante como la tuya.

–Gracias. Estoy un poco más tranquilo. Incluso siento ganas de ayudar. Por cierto, ¿quién eres?

–Yo soy tú, tu luz, tu alma, tu paz. Soy Dios, igual que tú. Crea tu vida en contacto con tu corazón y te ayudaré siempre. Adelante, hijo, sé amor.

Si quieres perder el miedo, cambiando tu perspectiva con respecto a las almas en tránsito, no te pierdas el próximo curso REGRESO A LA LUZ. No solo perderás el miedo sino que te animarás a ayudar, recuperando así por completo tu poder personal. Haremos prácticas de ayuda durante el curso, que consta de tres módulos que pueden realizarse por separado.
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