El ego herido

El ego herido
Por Alicia Sánchez Montalbán

A menudo, solemos creer que algunas personas realizan contra nosotros actos imperdonables: comportamientos y actitudes que nos llenan de rabia, de tristeza y de rencor.

Cada vez que nos acordamos de lo sucedido, nuestra vibración cae en picado, y lo que era un buen día se transforma rápidamente en enfado o crispación.

En esas ocasiones, sin darnos cuenta y sin pretenderlo, nos estamos dejando llevar por el ego herido, que se enfada y espera compensación o, al menos, una explicación.

¿Por qué ha tenido que actuar así?, nos preguntamos una y otra vez. ¿No se da cuenta de lo que ha hecho?

Y después de las preguntas viene el juicio: qué egoísta, qué necio, qué ruin…

El juicio que emitimos, cuando nos dejamos llevar por el ego herido, actúa como un boomerang. Lo soltamos con fuerza hacia otra persona y regresa para devolvernos su energía. Es así como, sin querer, nos vamos envolviendo en negatividad, y ordenando a la ley de la atracción que nos proporcione más experiencias desagradables.

El rencor es la consecuencia del ego herido, que no comprende, que no tolera, que no respeta, porque siente demasiado dolor para detenerse un momento a reflexionar.

Pero si lo hiciera se daría cuenta de que su energía no es muy luminosa y que lo que está creando con ella es tan doloroso y nocivo para la otra persona como lo fue el acto inicial que lo generó.

¿Cuál sería la perspectiva de Dios ante una afrenta? Ésta podría ser una buena pregunta para detenerse un momento a reflexionar.

¿Se dejaría llevar Dios por el ego herido o intentaría respetar al que le hiere y a sí mismo también?

Surge fácilmente la objeción: ¡Es que Dios no tiene ego! Ciertamente, pero también lo es que en nosotros habita Dios.

Todos lo llevamos en el corazón. Somos una parte de él, calcos a pequeña escala.

¿Y entonces? ¿No sería viable recurrir al dios que llevo dentro para cambiar el curso de mis creaciones inconscientes y dejar de generar dolor a mi alrededor?

¿No podría yo, como ser humano consciente de su divinidad, intentar mirar al otro desde los ojos del alma, cuando me hiere?

¿Cómo transformaría eso mi vida y mi relaciones?


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